El despertador suena, te levantas, cumples con todo. Respondes mensajes, trabajas, estudias, haces planes. Cuando alguien pregunta “¿cómo estás?”, la respuesta sale en automático: bien. Sonríes, sigues adelante y nadie nota nada raro. Por dentro, sin embargo, el cansancio pesa distinto. No es solo sueño. No es solo estrés. Pero igual lo dejas pasar.
En el Día de la Lucha contra la Depresión, vale la pena detenernos en esas frases que usamos para normalizar lo que sentimos. Porque muchas veces la depresión no grita: se camufla.
Señales de depresión que solemos minimizar
La depresión no siempre se presenta como tristeza profunda o llanto constante. En muchas personas aparece de forma silenciosa, mezclada con la rutina. Estas son algunas señales tempranas que suelen confundirse con “cosas normales”:
- Cansancio constante, incluso después de dormir. No es solo físico: es falta de energía para todo.
- Irritabilidad o mal humor persistente, reacciones más intensas ante cosas pequeñas.
- Pérdida de interés por actividades que antes disfrutabas, aunque sigas haciéndolas “por cumplir”.
- Aislamiento. menos ganas de ver gente, responder mensajes o hacer planes.
- Dificultad para concentrarte, olvidos frecuentes o sensación de estar en “piloto automático”.
- Cambios en el sueño o el apetito, dormir de más, dormir poco o comer sin ganas.
Cuando estas señales duran semanas y empiezan a afectar tu día a día, no son una racha cualquiera.
¿Por qué tendemos a normalizarlo?
Vivimos en una cultura que premia el rendimiento. Si sigues funcionando, parece que “todo está bien”. Además, frases como “hay gente peor”, “no es para tanto” o “ya se me pasará” ayudan a tapar lo que sentimos, pero no a resolverlo.
La depresión puede convivir con la productividad, las responsabilidades y las sonrisas. Eso no la hace menos real. Reconocer que algo no anda bien no es exagerar ni fallar. Es cuidarse. Hablar con alguien de confianza puede ser el primer paso para salir del modo automático. Buscar ayuda profesional no significa que estés “mal”, sino que estás tomando en serio tu bienestar.
La atención temprana en salud mental ayuda a evitar que el malestar se vuelva más intenso o crónico. Y contar con acceso a atención psicológica o psiquiátrica facilita dar ese paso cuando más cuesta.
Hoy, más que preguntar “¿ya se te pasó?”, vale la pena preguntar con honestidad: ¿cómo estás de verdad?
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