Un dolor en el pecho puede parecer algo pasajero. Quizá fue el estrés, una mala noche, la comida o simplemente un día pesado. Pero en ocasiones, esperar a que la molestia desaparezca puede ser un error que cuesta caro.
Los síntomas de infarto no siempre se presentan de la misma manera. De hecho, en el Perú se registran más de 100 infartos agudos al miocardio cada día y, según el MINSA, alrededor del 30% de las personas afectadas fallece antes de recibir atención médica. Por eso, saber identificar las señales de alerta es fundamental.
¿Cuáles son los síntomas de infarto?
La señal más conocida es el dolor o molestia en el pecho, que puede sentirse como presión, opresión, peso o una sensación incómoda que no desaparece.
Pero un infarto no siempre llega con el clásico “dolor fuerte en el pecho”. La molestia también puede extenderse hacia los brazos, hombros, espalda, cuello o mandíbula y aparecer junto con otros síntomas de infarto, como:
- Falta de aire.
- Sudoración fría.
- Náuseas o vómitos.
- Mareos o sensación de desvanecimiento.
- Fatiga o debilidad inusual.
Además, los síntomas pueden variar. En algunas personas, especialmente mujeres, adultos mayores o personas con diabetes, pueden presentarse de manera menos evidente.
Si tienes síntomas que podrían corresponder a un infarto, busca atención médica de emergencia. No esperes a que desaparezcan por sí solos.
¿Qué aumenta el riesgo de un infarto?
Aquí viene la parte que sí puedes empezar a trabajar desde hoy. Algunos factores aumentan el riesgo cardiovascular, como:
- Hipertensión. La presión arterial alta puede avanzar sin síntomas, por lo que es importante controlarla.
- Colesterol elevado. Puede favorecer la acumulación de placas en las arterias y aumentar el riesgo cardiovascular.
- Tabaquismo. Fumar es uno de los principales factores de riesgo modificables.
- Sedentarismo. Pasar demasiado tiempo sin actividad física tampoco le hace favores a tu corazón.
- Alimentación poco saludable. Una dieta con exceso de sal, azúcares, grasas poco saludables y ultraprocesados puede contribuir al riesgo cardiovascular.
También influyen otros factores como la diabetes, el sobrepeso u obesidad, el consumo nocivo de alcohol y los antecedentes familiares.
La buena noticia es que varios de estos factores sí pueden controlarse. De hecho, el MINSA señala que ocho de cada diez infartos podrían prevenirse mediante hábitos saludables.
Tu corazón también necesita sus chequeos
Controlar periódicamente la presión arterial, el colesterol y la glucosa permite conocer cómo está tu salud y detectar factores de riesgo.
A esto súmale actividad física regular, una alimentación equilibrada, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol. Y si aparece una señal que no reconoces o que te preocupa, no te autodiagnostiques ni esperes a que “se pase”. Una evaluación médica oportuna puede ser clave.
Además, contar con un seguro de salud puede facilitar el acceso a consultas, evaluaciones y atención médica, de acuerdo con las coberturas y condiciones de la póliza.
Si tu pecho te está avisando que algo no anda bien, escúchalo.
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