Todo parece normal. Estás conversando, viendo televisión o preparando el almuerzo. De pronto, alguien deja de hablar con claridad, se le cae una taza de la mano o su sonrisa se ve extraña. No hay dolor, no hay sangre, pero algo no está bien. En ese momento, el reloj empieza a correr.
Reconocer un infarto cerebral a tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, o entre una recuperación y una discapacidad permanente.
¿Qué es un infarto cerebral y por qué es tan peligroso?
Un infarto cerebral ocurre cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se bloquea o se reduce de forma brusca. Sin oxígeno ni nutrientes, las células cerebrales empiezan a dañarse en cuestión de minutos. Aunque es más frecuente en personas mayores de 65 años, cada vez afecta a personas más jóvenes, sobre todo cuando existen factores de riesgo como hipertensión, diabetes, colesterol alto, arritmias cardíacas, tabaquismo o sedentarismo.
Las señales que no debes ignorar
El infarto cerebral suele aparecer de manera repentina. Presta atención si una persona presenta uno o varios de estos síntomas:
- Dificultad para hablar o para entender lo que otros dicen.
- Debilidad o pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, generalmente de un solo lado del cuerpo.
- Desviación de la boca o asimetría facial al sonreír.
- Pérdida de equilibrio o coordinación.
- Visión borrosa o doble.
- Confusión súbita o desorientación.
No siempre hay advertencias previas. Por eso, ante cualquiera de estos síntomas, no hay que esperar a “ver si se pasa”. Existe un periodo crítico de aproximadamente 4 horas y media desde que aparecen los primeros signos. Dentro de ese tiempo, los médicos pueden administrar tratamientos que ayuden a destapar la arteria bloqueada o a reducir el daño cerebral. Cada minuto cuenta: mientras más se retrasa la atención, mayor es el riesgo de daño irreversible, discapacidad grave o muerte.
¿Por qué un seguro de salud hace la diferencia?
En una emergencia como esta, lo último que debería preocupar es el costo. Un seguro de salud permite acceder rápidamente a evaluaciones médicas, tomografías, resonancias, hospitalización, medicamentos y, si es necesario, rehabilitación posterior. Ese respaldo económico y médico puede marcar la diferencia entre llegar a tiempo o llegar tarde.
El infarto cerebral no avisa con anticipación. Pero sus señales son claras. Reconocerlas, actuar sin demora y contar con un respaldo médico adecuado puede salvar vidas.
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